El Antiguo Recinto del Congreso Nacional: (1864-1905)

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El Congreso Nacional funcionó en esta sede, en la calle de la Victoria, frente a la plaza de Mayo, entre 1864 y 1905. La institución parlamentaria venía de la Sala de Representantes, donde debieron compartir el mismo recinto las dos cámaras de la Legislatura de la provincia dentro de Buenos Aires y las dos del Congreso de la Nación. Por tal motivo el presidente Bartolomé Mitre elevó el proyecto de ley para construir un local propio para sus sesiones el 18 de mayo de 1862 y dos días después se votó la ley, otorgándole 50.000 pesos fuertes para tal fin. Se encomendó al arquitecto Jonás Larguía el proyecto y ejecución del edificio, inaugurado el 12 de mayo de 1864.

La fachada y el peristilo del Congreso conservados dentro del edificio de la Academia
La fachada, las verjas y el peristilo del Congreso, conservados dentro de edificio de la Academia

Aquí se dieron memorables debates y fueron sancionadas leyes fundamentales para la República, como la organización de la justicia federal, el Código civil, la instalación de nuevas escuelas y colegios en todo el país, la pacificación del interior y las fronteras con el indio, la extensión del ferrocarril y el telégrafo, la enseńanza laica y el matrimonio civil, el arbitraje de los límites internacionales, el fomento de la inmigración y tantas otras que aceleraron el progreso del país.

Pasaron por sus bancas entre otros ilustres ciudadanos: Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini, Guillermo Rawson, Julio A. Roca, Lucio Mansilla, Domingo F. Sarmiento, Marcos Paz, Valentín y Adolfo Alsina, Manuel Quintana, Bartolomé Mitre, Norberto Quirno Costa, Juan Agustín García, Vicente Fidel López, Eduardo Wilde, Vicente G. Quesada, Dalmacio Vélez Sarsfield, Nicasio Orońo, Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem, Bernardo de Irigoyen, Joaquín V. González, José Manuel Estrada, Félix Frías, Pedro Goyena, Osvaldo Magnasco, Olegario V. Andrade, Alfredo Palacios.

La sala se inauguró el 12 de mayo de 1864, con el mensaje del presidente Mitre para la apertura del período legislativo de ese ańo y se clausuró con la sesión del 14 de diciembre de 1905, que culminó a la mańana del día siguiente.

La dos cámaras compartieron el histórico recinto hasta 1895, en que se habilitó una sala contigua, de características similares, para el Senado, en una propiedad lindante que fue alquilada para ese fin.

La inauguración del período de sesiones de 1886 por el presidente Julio A. Roca ha quedado inmortalizado en un enorme cuadro, pintado por Juan Manuel Blanes, donde se aprecian en este recinto fielmente representados el presidente, sus ministros y los legisladores. La tela esta adecuadamente exhibida en el salón de pasos perdidos del Palacio Legislativo.

En 1906 se habilitó el recinto para el traslado del Archivo General de la Nación y la Junta de Historia y Numismática Americana (luego Academia Nacional de la Historia) que celebró allí sus sesiones hasta 1918.

El viejo edificio del Congreso fue afectado por las demoliciones realizadas en 1946, para la construcción que albergó al Banco Hipotecario Nacional, hoy ocupada por la Administración Federal de Ingresos Públicos. Solamente se conservan dentro del nuevo edificio, el pórtico con sus verjas de hierro forjado, el peristilo con su juego de columnas y el piso damero de mármol de carrara, y el recinto con sus paredes pintadas de rosa viejo, las galerías también en hemiciclo, la cúpula central y la iluminación de época, el estrado con la carpeta de terciopelo azul y el escudo nacional dorado, arriba el gran retrato de Valentín Alsina, obra ejecutada en 1871 por el pintor Manzoni, el escritorio y los sillones de los taquígrafos y las bancas originales, parte de las cuales se encuentran en la Legislatura de Tucumán, a donde han sido reclamadas para completar el mobiliario y asegurar la conservación del patrimonio y para recrear, lo más fielmente posible, el ambiente al momento de su actividad legislativa.

Por disposición de la ley 17.570, del 20 de diciembre de 1967, se concedió el uso y custodia de este monumento nacional, a la Academia Nacional de la Historia, que de ese modo regresó, definitivamente, a su antigua sede.

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